Adentro de la red de esteroides

El Centro de Rejuvenecimiento de Palm Beach es decididamente menos exótico de lo que su nombre sugiere. Encajado entre la oficina de un abogado y una firma de corretaje en el tercer piso de un triste edificio de oficinas en Júpiter, Florida, se asemeja más a una sala de calderas que otra cosa. “Básicamente es un centro de llamadas”, explica un empleado. Sin embargo, los investigadores sostienen que el Centro de Rejuvenecimiento de Palm Beach (PBRC) y decenas de otros centros antienvejecimiento o de bienestar, como también se les conoce, desempeñan un rol clave en una enorme red de distribución ilegal de drogas para mejorar el rendimiento físico, como esteroides y la hormona del crecimiento humano (HGH, por sus siglas en inglés), que permitía comprarlas por internet.

“Esta es la nueva frontera”, dice Christopher Baynes, fiscal en el condado de Albany, en Nueva York, cuya oficina inició la investigación hace tres años. “El hombre con la bolsa negra en el gimnasio ahora tiene su propio sitio web”.

Sports Illustrated acompañó el 27 de febrero a investigadores de varias agencias policiales en una redada a las instalaciones de PBRC. Simultáneamente, agentes en Orlando allanaron la farmacia de compuestos Signature Pharmacy, que el año pasado facturó más de US$40 millones en ventas, gran parte de ellas a PBRC. El lunes, Glen Stefano, el copropietario de PBRC, y otros diez acusados se declararon inocentes de múltiples cargos durante la lectura de cargos en Albany. Stefano fue acusado de vender esteroides y hormonas de manera ilícita. Anteriormente, Robert Loomis y su esposa, Naomi, los propietarios de Signature, fueron acusados de desvío criminal de medicamentos de venta con receta, venta criminal de una sustancia controlada y fraude de seguros.

Las autoridades tardarán semanas, meses tal vez, en examinar la lista de clientes, los discos rígidos, las facturas y la basura de los contenedores que fueron incautados en las redadas. Más de una tonelada de documentos fueron confiscados. Y cuando terminen, los investigadores creen que descubrirán los nombres de cientos, incluso miles de clientes que han recibido una amplia gama de medicamentos; y es probable que esa lista incluya a conocidos deportistas.

Solo basta con repasar los resultados de una redada similar realizada por la DEA, la agencia antinarcóticos de Estados Unidos, llamada Operación Netroides. El 29 de agosto, los agentes ingresaron a Applied Pharmacy Services, una farmacia de compuestos o fórmula magistral en Mobile, Alabama. (Estas farmacias producen sus propios medicamentos genéricos). Los registros de clientes incautados revelaron los nombres de más de 20 deportistas que recibieron medicamentos de Applied Pharmacy. Un informe de inteligencia clasificado de 37 páginas, que fue revisado por Sports Illustrated, incluye a los siguientes deportistas:

• El jardinero Gary Matthews Jr., que en 2006 tuvo el mejor año de su carrera con los Rangers de Texas, lo que le valió un contrato de agente libre por cinco años y US$50 millones con los Angels de Los Ángeles, recibió en 2004 la hormona de crecimiento Genotropin. La receta fue escrita por un médico de una clínica antienvejecimiento en Florida que ya no existe. (A través de su agente, Matthews declinó comentar al respecto, pero el abogado que representa al beisbolista dijo el sábado pasado que Matthews no violó ninguna ley y que cooperará con la investigación).

• Kurt Angle, un luchador de estilo libre que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1996 y que hoy es estrella de la lucha libre profesional, recibió dos recetas del esteroide trembolona y una de nandrolona entre octubre de 2004 y febrero de 2005. (Angle no respondió a varios mensajes dejados con su vocero).

• Jerry Hairston Jr., jardinero de los Rangers, recibió Genotropin, gonadotropina coriónica humana (HCG) y citrato de clomifeno en 2004. Una de las recetas de Hairston fue prescrita por “A. Almarashi”. Los investigadores creen que Almarashi es el seudónimo de una doctora de Queens, Nueva York, que perdió su licencia médica en 1999. En la actualidad espera juicio por múltiples cargos en su contra después de que presuntamente escribiera recetas falsas para miles de clientes en internet a quienes nunca examinó. (Hairston, cuyo padre y abuelo también jugaron en las Grandes Ligas, negó enfáticamente cualquier conexión. “Nunca he tomado esteroides ni nada que se le parezca”, dijo el jueves pasado. “Nunca haría algo que pusiera en peligro mi carrera o el nombre de mi familia”).

• En junio de 2004, un paciente llamado Evan Fields recogió tres frascos de testosterona e insumos de inyecciones de un médico en Columbus, Georgia, vinculado a la farmacia Applied. Ese mismo mes, Fields obtuvo cinco frascos de la hormona de crecimiento Saizen y tres meses más tarde regresó para un tratamiento contra el hipogonadismo, una condición en la cual las glándulas sexuales producen poca o ninguna hormona. Los investigadores señalaron que Fields comparte la fecha de nacimiento y el domicilio del excampeón de peso pesado Evander Holyfield. Cuando Sports Illustrated llamó al número de teléfono hallado en una nota adhesiva adjunta al archivo del paciente llamado Fields, quien respondió fue Holyfield. (Holyfield, quien a los 44 años continúa peleando profesionalmente, dijo a Sports Illustrated que no sabía nada de las drogas. A través de la compañía que lo representa, Main Events, emitió un comunicado negando el uso de esteroides).

• David Bell, un veterano beisbolista que jugó más de una década en las Grandes Ligas, recibió en abril pasado seis paquetes de HCG en una dirección de Filadelfia, cuando jugaba con los Filis. El costo fue de US$128.80 y el medicamento se recetó en conjunto con un centro antienvejecimiento de Arizona. Bell reconoce haber recibido el envío, pero dice a Sports Illustrated que le recetaron el medicamento “por una afección médica”, que se negó a revelar, citando su derecho a la privacidad.

• José Canseco, beisbolista retirado y usuario confeso de esteroides, recibió en 2004 somatropina, testosterona, estanozolol y HCG, así como 340 jeringas. El envío a su residencia en California se organizó a través de la misma desaparecida clínica antienvejecimiento de la que Matthews supuestamente era cliente. (Canseco no devolvió las llamadas para comentar sobre el tema).

• No se indicó ninguna fecha de nacimiento en las recetas, pero según la base de datos de Applied, John Rocker, exrelevista de los Atlanta Braves, recibió dos recetas de somatropina entre abril y julio de 2003. (A través de su portavoz, Rocker negó tener conocimiento de la receta y negó haber recibido una sustancia prohibida).

Fuentes de Sports Illustrated cuentan que es poco probable que los clientes que figuran en las facturas y listas de clientes sean procesados, ya que el objetivo de las redadas e investigaciones son los integrantes de la red de distribución. “Nuestro enfoque aquí es clausurar los canales de distribución”, dice David Soares, fiscal de distrito del condado de Albany y uno de los líderes de la investigación. Y debido a que los informes solo alegan la recepción (y en algunos casos, la compra) de las drogas prohibidas, y no el uso, es poco probable que los deportistas enfrenten medidas disciplinarias de sus respectivas ligas u organismos rectores. (Major League Baseball recién agregó en 2005 la HGH a su lista de sustancias prohibidas). Aun así, la información ofrece una visión clara y escalofriante de la facilidad con la que cualquier persona, de cualquier edad, puede obtener sustancias prohibidas, incluidos esteroides y HGH, con sólo tener acceso a internet y una tarjeta de crédito.

Los orígenes de esta investigación a gran escala y que involucró a varias agencias se encuentran en el estado de Nueva York. En el otoño de 2004, los investigadores estatales de narcóticos en Albany notaron que el médico David Stephenson administraba el sitio docstat.com y compraba enormes cantidades de medicamentos, incluidos narcóticos y esteroides. Según las autoridades, Applied era su principal proveedor. Después de recibir las drogas en su residencia, Stephenson las volvió a empaquetar y las revendió a “pacientes” que habían visitado su sitio web. Un investigador hizo un pedido a través de docstat.com, afirmando ser un piloto con sobrepeso, adicto a la heroína y con problemas con el alcohol. Como parte de un cuestionario que se completa cuando uno se registra en el sitio, se les pregunta a los clientes la razón por la que buscaban ciertos medicamentos. El investigador respondió que necesitaba recetas de hidrocodona, metadona, nandrolona, ritalina y testosterona porque “quiero drogarme para volar”. En cuestión de días llegaron los medicamentos por correo urgente.

En el verano de 2005, Stephenson se declaró culpable del delito penal de vender una sustancia controlada, por lo que está cumpliendo una condena de seis años de cárcel. Sin embargo, el caso de Stephenson representaba mucho más que un médico deshonesto que abusaba de su licencia. Al analizar su cadena de suministro, los agentes del condado de Albany pusieron al descubierto una fuente de drogas que combina el poder de Internet con falsos centros contra el envejecimiento, farmacias de compuestos certificadas y médicos sobornables. Los agentes no tardaron en compartir sus hallazgos con las autoridades federales y estatales de todo el país.

Mark Haskins, investigador principal de la Oficina de Control de Narcóticos del Estado de Nueva York, lo explica: “Básicamente, tienes una clínica antienvejecimiento con presencia en internet. [Los operadores de clínicas] ponen el producto en línea. El cliente los encuentra, completa un breve cuestionario y solicita esteroides, terapia hormonal, lo que sea. Alguien de la clínica contacta al cliente y luego emite una receta para el tratamiento con esteroides u hormonal. Luego [la clínica] envía por correo o correo electrónico la receta a un médico, que a menudo ni siquiera se encuentra en el mismo estado. Este la firmará [porque] la clínica le paga, generalmente entre US$20 a US$50 por cada firma. Las recetas firmadas se envían por fax a las farmacias de compuestos, que saben desde un principio que no existe una relación médico-paciente. La farmacia luego envía el producto al cliente”.

El segundo trimestre del año pasado, durante una redada en su casa de Scottsdale, Arizona, Jason Grimsley, entonces lanzador de los Diamondbacks de Arizona, admitió haber usado HGH, esteroides y anfetaminas. En una declaración jurada, explicó a los investigadores que otro jugador importante, identificado más tarde como el exprimera base David Segui, “me contó de un médico en un ‘centro de bienestar’ de Florida que estaba usando para obtener la hormona del crecimiento humano”.

“Tiene mucho sentido que los deportistas lo hagan de esta manera”, dice Alex Wright, agente de la Oficina Metropolitana de Investigación de Florida. “Si los atrapan, pueden decir: ‘Envié mi análisis de sangre a la clínica como me lo pidieron, y el médico dijo que mis niveles [de testosterona] son bajos’. Esta es la mejor manera de obtener estas cosas. Tienen la comodidad del anonimato porque no hay un cara a cara. Son solo un nombre y una tarjeta de crédito “.

Además de exponer la arquitectura de la cadena de distribución, las investigaciones en curso parecen confirmar lo que los expertos en dopaje han sospechado durante años: la HGH es una droga popular entre los atletas. Algunos creen que esta hormona sintética acelera los tiempos de recuperación y cicatrización, disminuye la grasa corporal y, especialmente cuando se combina con esteroides, aumenta la masa muscular y, por lo tanto, la fuerza.

Los médicos pueden recetar HGH con fines médicos legítimos. Históricamente, esto ha significado combatir la insuficiencia hipofisaria, un trastorno poco frecuente, o para tratar a pacientes con afecciones progresivamente debilitantes como resultado del sida y algunos tipos de cáncer. Sin embargo, últimamente algunos médicos han atribuido una definición liberal a “fines médicos legítimos”, afirmando que el envejecimiento es, en efecto, una enfermedad progresivamente debilitante y que cualquier paciente con niveles hormonales decrecientes califica para recibir el medicamento. La Academia Estadounidense de Medicina Antienvejecimiento, un grupo con sede en Chicago que apoya el uso de HGH para reemplazar la hormona del crecimiento a medida que sus niveles disminuyen con la edad, cuenta con más de 10,000 profesionales de la salud entre sus miembros. Este uso “no autorizado” o poco ortodoxo de HGH ha generado una profunda controversia en la comunidad médica. “Es una artimaña”, dice el doctor Thomas Perls, profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, que mantiene el sitio web antiagingquackery.com. “El público ha asociado las hormonas con la juventud, y la HGH es la droga preferida de estos vendedores ambulantes”. (A través de un portavoz, la academia dijo en un comunicado a Sports Illustrated que el comentario de Perls “está al nivel de una persona desinformada que cree que la Tierra es plana”).

Los riesgos del uso de HGH son numerosos, e incluyen diabetes, dolor muscular y articular, hipertensión, síndrome del túnel carpiano, agrandamiento anormal de órganos y el avance de enfermedades cardiovasculares. Algunos investigadores creen que la HGH puede acelerar el cáncer. “El problema es bastante sencillo”, dice Mark Schutta, un endocrinólogo de la Universidad de Pensilvania. “Le estás dando a las personas una hormona que potencialmente puede aumentar el crecimiento de células anormales”. Schutta también señala que el Colegio Estadounidense de Endocrinología no recomienda el uso de HGH para tratar adultos, excepto en el caso extremadamente raro de que un paciente no produzca hormonas de crecimiento naturalmente.

En cualquier caso, la HGH se ha vuelto popular entre los deportistas. “De todas las cosas por ahí, ciertamente la hormona de crecimiento humano sintética está en los primeros lugares de la lista”, dice el doctor Gary Wadler, profesor asociado de medicina de la Universidad de Nueva York y miembro de la Agencia Mundial Antidopaje. “Lo que los atletas han [tratado de hacer] es aumentar los músculos con HGH y luego fortalecer esos grandes músculos agregando esteroides a la mezcla”.

Otro factor que contribuye a la popularidad de la HGH: las ligas que lo prohíben no lo controlan. Solo hay una prueba efectiva para su detección e involucra una muestra de sangre. Los sindicatos en la mayoría de los deportes no han estado dispuestos a someter a sus jugadores a análisis de sangre por considerarlo una intrusión física. Como dijo recientemente el director ejecutivo de la Asociación de Jugadores de la NFL, Gene Upshaw: “Todavía no estoy dispuesto a que pinchen a nuestros jugadores como un alfiletero”.

En lo que quizá haya sido el mayor escándalo de dopaje en la historia de la NFL, un médico de Carolina del Sur, James Shortt, distribuyó HGH y esteroides a integrantes del equipo de las Panteras de Carolina que disputó el Super Bowl de 2003, incluidos tres de los cinco linieros ofensivos. (Shortt admitió su culpabilidad y está cumpliendo una sentencia de 366 días). A fines del año pasado, en el programa de HBO Costas Now, el extacle defensivo Dana Stubblefield dijo que cree que el 30% de los jugadores de la NFL usan HGH. Las autoridades de la liga han expresado preocupación por la HGH, y la liga recientemente se comprometió a invertir US$ 500,000 para desarrollar un control antidoping confiable que detecte la HGH.

Es por eso que los investigadores se mostraron particularmente curiosos cuando notaron que Richard Rydze, un internista afiliado al Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, había usado una tarjeta de crédito de su consultorio privado para comprar más de $150,000 en HGH a Signature Pharmacy. Desde mediados de la década de 1980, Rydze ha sido parte del cuerpo médico de los Acereros de Pittsburgh. Consultado por Sports Illustrated, Rydze no negó haber realizado las compras, pero afirmó que usa la HGH para tratar a pacientes de edad avanzada que tienen “una deficiencia de la hormona del crecimiento” y requieren reparación del tendón. “[No] es para atletas, jamás”, dice Rydze. “No se lo doy a las personas que vienen aquí y quieren verse bonitas y jóvenes, y desarrollar músculos. No haré eso”.

Rydze entrega HGH a “35 o 40” pacientes referidos por otros médicos, incluido el ortopedista de los Steelers. (Este último se negó a hablar al respecto). Rydze dice que trata a estos pacientes, incluidos futbolistas retirados, temprano en la mañana, “principalmente en mi tiempo libre”, y que estos pacientes tienden a “volver” cada tres o cuatro meses. “Monitoreamos sus niveles y luego se van, regresan a sus propios médicos”, dice Rydze, de 56 años, quien ganó la medalla de plata en clavados de plataforma en los Juegos Olímpicos de 1972. También dice que compró la HGH a través de Signature para ahorrar dinero. (A raíz de esta revelación, el Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh dice que está investigando a Rydze).

En todo caso, es al menos cuestionable que el médico de un equipo de la NFL compre US$ 150,000 de HGH –con un valor aproximado de hasta US$1 millón en el mercado negro– en un momento en que este tipo de drogas está en la mira de la liga y cuando el escándalo Shortt aún está cicatrizando. Rydze, sin embargo, afirma que tiene el apoyo total de su equipo. “Los Rooney [los propietarios de los Steelers] saben que hago esto”, dice. “Quiero decir, confían en que nunca haría esto con un deportista”. (El presidente de los Steelers, Art Rooney II, no quiso referirse a la caracterización específica de Rydze, pero emitió una declaración que dice en parte: “No hay evidencia de que el doctor Rydze haya recetado o proporcionado tratamientos hormonales a cualquiera de nuestros jugadores [y él] me ha asegurado que esto nunca ha sucedido y que nunca sucederá “.

Si la lista de estrellas y equipos implicados ya ha convertido la investigación en una causa famosa, a los investigadores les preocupa cuántos atletas “no famosos” se han visto implicados en las redadas. En las próximas semanas, por ejemplo, las autoridades buscarán respuestas de por qué Signature vendió drogas para mejorar el rendimiento a un campeón adolescente de patinaje en línea. O por qué las instalaciones que ofrecen tratamiento antienvejecimiento atienden a tantos clientes nacidos en la década de los noventa, algunos de ellos aún en la pubertad. “Los niños miran ESPN o leen Sports Illustrated, y hacen todo lo posible para obtener una ventaja competitiva”, dice Soares, el fiscal del condado de Albany. “Que tengamos esteroides y hormona de crecimiento humano tan fácilmente disponibles presenta un peligro claro y presente”.

En la redada de la semana pasada en el Centro de Rejuvenecimiento de Palm Beach, un grupo de empleados sorprendentemente musculosos y jóvenes salieron con expresiones sombrías en sus rostros. En el interior, las autoridades interrogaron a los ejecutivos, incluido Joseph Raich, que figura en un documento del gobierno como director de la compañía. Raich, de 44 años, es conocido en la comunidad juvenil de lucha del sur de la Florida. Brindó asistencia financiera a aspirantes a deportistas olímpicos y, antes de los juegos de Atenas 2004, auspició un campamento de entrenamiento en el sur del estado para el equipo de lucha olímpica estadounidense. El sitio web de la Asociación Amateur de Lucha de la Florida incluso nombra a Raich (que no respondió a varios mensajes en busca de comentario) como el contacto del Club de Lucha de Palm Beach. El listado también proporciona su dirección de correo electrónico: Joe@hghtest.com. ♦